Del Derecho
a la nutrición
Antes de la nutrición, estudié Derecho. Mi meta era la magistratura: trabajaba a tiempo completo en un despacho mientras aprobaba los exámenes a buen ritmo. Un camino que iba bien, y que ya estaba trazado.
Lo que lo cambió fue la salud de mi padre. Me hice una pregunta muy concreta: qué puede hacer un cuerpo, desde dentro, para responder desde la fuerza y no desde la fragilidad. La respuesta era la nutrición, y me puse a estudiarla con la misma disciplina con la que estudiaba Derecho — por necesidad, no por afición. Cambié de camino y empecé de cero. Cómo vives lo que te pasa es una elección: elegí construir.
La forma de mirar no cambió: cada caso se estudia por separado, con rigor, sin heredar el patrón del anterior. Cambió el objeto, el rigor no. Aprendí algo que ya no se me olvida: cada elección construye lo que eres o lo desgasta. No es una idea, es fisiología — el cuerpo se adapta a lo que le exiges. Así trabajo: exijo, y construyo.